Jesús es el salvador del mundo y también de nuestras vidas

21 El Salvador del mundo


Juan 4: 27-34



27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó: «¿Qué pretendes?» o «¿De qué hablas con ella?»
28 La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:
29 —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?
30 Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús. 
31 Mientras tanto, sus discípulos le insistían:
—Rabí, come algo.
32 —Yo tengo un alimento que ustedes no conocen —replicó él.
33 «¿Le habrán traído algo de comer?», comentaban entre sí los discípulos.
34 —Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús

Juan 4: 39-42

39 Muchos de los samaritanos que vivían en aquel pueblo creyeron en él por el testimonio que daba la mujer: «Me dijo todo lo que he hecho». 
40 Así que cuando los samaritanos fueron a su encuentro le insistieron en que se quedara con ellos. Jesús permaneció allí dos días, 
41 y muchos más llegaron a creer por lo que él mismo decía.
42 —Ya no creemos solo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.

El salvador del mundo



Una vez más vemos como reacciona el ser humano ante la verdad de la salvación. La mujer Samaritana había comprendido en su encuentro con Jesús que tenía en frente suyo al Hijo de Dios, al único que podía darle salvación y vida eterna. 

Su reacción no fue egoísta, por el contrario, ella dejó lo que tenía a un lado y volvió al pueblo a decirle a la gente lo que había vivido con Jesús. 

La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente:
Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?


Cada uno de nosotros hemos tenido diferentes encuentros con Jesús en nuestras vidas, algunos han sido sanados de enfermedades otros perdonados de sus pecados, o tal vez como en muchos casos Dios ha salvado tu vida en circunstancias que aún no puedes explicar. 

Sin importar que tipo  de encuentro hallas tenido con Jesús, es importante que tengas siempre presente que el Dios que un día estuvo contigo y te ayudo, siempre estará dispuesto a hacerlo otra vez. 
Como la mujer Samaritana, lo único que debes hacer es creer y vivir con fe en Dios.

Un salvador que te conoce


Jesús no necesita años de tu vida para ayudarte y llenar tu vida de plenitud, Él puede darle plenitud a tu vida en solo un instante. 
De esta historia podemos aprender que para recibir la plenitud de Dios debes primero aceptar y reconocer tu condición.

Dios conoce todo de ti, por lo tanto Él solo esta esperando a que con fe creas que solo Jesús puede darle solución a lo que necesitas. Pero recuerda, tener una idea en tu mente de que Dios lo puede todo no sirve de nada. Debes pasar a la acción. (Ver episodio 9 Siguiendo a Jesús)

Eso significa que vas a cambiar tu actitud, vas a vivir con la certeza de que lo que has pedido Dios lo ha cumplido. Si tienes algo en tu vida que tienes que dejar de lado, ¡déjalo!; y si existe algo que tienes que realizar hazlo. 

El salvador del mundo y tu vida

Jesús desea salvar nuestras vidas, pero depende de nosotros aceptar su regalo y vivir una vida de fe en Dios. Debes llevar tu fe a la acción.


Jesús le ejemplifica esto a sus discípulos diciéndoles: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra.” 
Jesús sabía la obra que tenía que realizar, tenía una idea y un concepto en su mente. Pero sabía también que tenía que hacer la voluntad de Dios para que se convirtiese en  una realidad. 

La mujer samaritana aceptó que debía cambiar, acepto que había errores en su vida y que la solución era dejar todo atrás y volver a los caminos de Dios. Su testimonio era muy sencillo “me dijo todo lo que he hecho” le decía ella a la gente. 

Pero el impacto de Jesús en su vida fue tan fuerte que la gente que la conocía sabia que no estaba mintiendo. “Ya no creemos solo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.”

Vive tu fe


Hoy quiero invitarte a que compartas tu experiencia de vida con los demás. Dios te ha dado de manera gratuita, salvación, perdón y vida eterna. 
Muéstrale a tus conocidos lo que Dios ha hecho por ti, lleva tu fe a la acción y comparte con los demás un poco de lo que Dios te ha dado. 
Te aseguro que al hacerlo sentirás al igual que la mujer como Dios llena de plenitud tu vida. 

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