El sacrificio de Jesús es la cruz

El sacrificio de Jesús

Desde la entrada del pecado en el mundo, los habitantes de los mundos no caídos y los ángeles, se preguntaban como haría Dios para solucionar el problema del pecado. El sacrificio de Jesús en la cruz, su vida y su muerte son la respuesta a esta pregunta milenial.

La Biblia se refiere a esto como el misterio de la piedad (1 Timoteo 3:16), y no es otra cosa que la demostración más grande de amor que se halla hecho desde que existe algún ser vivo en el universo.

En esta lección estudiaremos que enseña la Biblia sobre el sacrificio de Jesús, y como es costumbre, compararemos al final algunas doctrinas falsas que abundan en el mundo cristiano sobre este tema.

Antes de iniciar, te invito a que le ores a Dios y le pidas sabiduría y entendimiento al estudiar su palabra

El único que podía solucionar el problema del pecado en el universo era Jesús, el mismo dador de la vida, ya que solo Él tiene el poder para dar y quitar aun su propia vida.

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

La Biblia es de gran valor porque nos dice cómo el pecado entró al mundo y también cómo será eliminado. Dios no puede tolerar lo maligno del pecado, así que la paga del pecado es la muerte.

Y peor aún, cuando Adán y Eva pecaron, esta sentencia de muerte pasó a toda la raza humana. La ley de Dios, y la pena por quebrantarla, no podía ser cambiada, así que todos los seres humanos fueron condenados.

Pero Dios no podía soportar quedar separado de nosotros Sus hijos. Así que, en un acto de amor inimaginable, escogió enviar a Su Hijo al mundo para morir en tu lugar y el mío. Nuestros pecados y nuestra pena de muerte fueron colocadas sobre Él, y nosotros fuimos liberados.

El plan de salvación de Dios es llamado el “evangelio”, que significa “buenas nuevas”. Y en efecto, son las noticias más fabulosas que se le han dado a la humanidad. Nuestra pena de muerte fue asumida por Jesús, y nuestra culpa fue quitada.
Gracias al infinito amor de Dios tenemos una oportunidad de salvación en Jesús.

El lazo humano terrenal más fuerte es el amor de un padre por su hijo. Cuando Dios el Padre estuvo dispuesto a permitir que su Hijo, Jesús, sufriera y muriera en nuestro lugar, demostró en el lenguaje más poderoso cuánto nos ama a cada uno de nosotros.

La oferta de salvación de Jesús es un regalo (Romanos 6:23). Tu parte es creer que es verdad y recibir este regalo por fe. Es increíble pensar que el regalo más grande que ha recibido el ser humano, por medio del sacrificio de Jesús, solo se reciba de manera gratuita creyendo por fe.

Esto demuestra que tan grade es la misericordia de Dios, tan grande que ni siquiera pide nada de nosotros, solo creer.

La confesión es la parte verbal del arrepentimiento. El verdadero arrepentimiento incluye sentir pesar por lo que hemos hecho, así como apartarse del pecado.

El que encubre sus pecados no prosperará;
Más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Esta gloriosa experiencia es llamada el nuevo nacimiento; porque a partir de ese momento, no tenemos pasado. Por lo tanto, comenzamos una nueva vida, como lo hace un bebé recién nacido. Es la fantástica experiencia de comenzar la vida de nuevo, sin ninguna mancha de pecado en nuestro registro.

Jesús mismo en realidad mora en cada cristiano a través de su Santo Espíritu.

Si Jesús vive en nosotros por medio del Espíritu Santo, entonces se genera en nuestras vidas un deseo de hacer Su voluntad. ¡Así que ten ánimo! ¡Él te dará las fuerzas para lograrlo!

Tenemos que ejercitar nuestra fe en Dios y confiar en Su palabra, porque es Jesús quien ha prometido cambiar nuestras vidas mediante Su gran poder. La salvación depende de Su poder y Su capacidad, y no de nosotros.

La gente con frecuencia falla en su vida cristiana porque acepta a Jesús como su Salvador personal, pero no como Señor o “gobernante” de sus vidas. La mayoría de nosotros queremos andar por nuestros propios caminos y manejar nuestras propias vidas.

Cuando aceptamos a Jesús como Señor, debemos entregarle la dirección de nuestras vidas. Por lo tanto, debe ser una necesidad para nosotros mantener nuestras manos fuera del volante y pedirle a Jesús que Él nos dirija.

En nuestras mentes siempre debe existir una certeza inmutable de la salvación, ya que quien ha prometido salvarnos es Dios.
Así que si tenemos en cuenta, que Dios no miente y siempre cumple sus promesas, entonces no podemos nunca dudar si he sido aceptado(a) por Jesús. El sacrificio de Jesús nunca será en vano.

El sacrificio de Jesús es tan eficaz, y su poder transformador es tan poderoso, que transforma todos los aspectos de la vida.
A tal punto que nuestro carácter, costumbres, pensamientos y nuestro trato con las demás personas se transforma día a día semejante a la imagen de Jesús.

Dios da a su pueblo estas ocho promesas preciosas:

  • Podemos lograr todo a través de Jesús.
  • Todas nuestras necesidades serán suplidas.
  • Nada nos será imposible. 
  • Nuestro gozo será completo.
  • Tendremos una vida más abundante.
  • Dios nunca nos dejará, ni nos desamparará.
  • No temeremos lo que los hombres nos puedan hacer. 

¡Alabado sea el Señor! ¡Gracias a Dios por el sacrificio de Jesús! ¿Puede haber algo mejor que esto?

Vive tu fe


Ahora que conoces cuál es el sacrifico de Jesús y su poder transformador en nuestras vidas, quiero invitarte a que aceptes Su invitación y le entregues tu vida. Vivir con Jesús en nuestras vidas es la mejor decisión que podemos tomar.


¿Una vez salvo, siempre salvo?


¿Puede una persona perderse una vez que haya aceptado a Cristo como su Salvador? Solo en la Palabra de Dios podemos encontrar una respuesta a esta pregunta.

La Biblia habla por sí misma: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza; porque fiel es el que prometió; Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras… Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados”. (Hebreos 10:23, 24, 26).

En ninguna parte la Biblia enseña que nuestra responsabilidad termina cuando llegamos a ser un cristiano.
La Palabra de Dios es clara: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22).

Mira que no caigas


El cristianismo es más que una sola decisión. Jesús dijo que nuestra salvación se basa en la condición de que sigamos permaneciendo en Él (Juan 15:4). Y el apóstol Pablo dijo, “cada día muero” (1 Corintios 15:31).
Esto significa que eligió a diario negarse a sí mismo y seguir a Jesús. El mismo Señor dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9:23.

La Biblia no enseña que podemos dar la espalda a la verdad y aun así ser salvos.

Ezequiel 18:24 dice: “Más si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá”.

Pablo también nos recuerda: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” 1 Corintios 10:12.

Algunas personas piensan que pueden “predicar la palabra” sin “caminar el sendero”, sin embargo Jesús dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, si no el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldadMateo 7:21-23.

Una lucha constante


Pablo describe la lucha constante del cristiano verdadero cuando dijo:
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene… sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:24, 25, 27.)

Creer que una vez que somos salvos, no nos podemos perder es creer que Dios nos quita la mayor libertad de elección. Por otro lado, Dios quiere que tengamos la seguridad de que Él terminará la obra que ha comenzado en nuestra vida.

Cuando decidimos seguir a Jesús, podemos confiar que Él nos guiará y nunca soltará nuestras manos que fueron puestas voluntariamente en las de Él. “El que persevere hasta el fin, este será salvo” Mateo 24:13.

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