Mateo 14: 3-12



En efecto, Herodes había arrestado a Juan. Lo había encadenado y metido en la cárcel por causa de Herodías, esposa de su hermano Felipe. 
Es que Juan había estado diciéndole: «La ley te prohíbe tenerla por esposa». 
Herodes quería matarlo, pero le tenía miedo a la gente, porque consideraban a Juan como un profeta.
En el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de todos; y tanto le agradó a Herodes 
que le prometió bajo juramento darle cualquier cosa que pidiera. 
Instigada por su madre, le pidió: «Dame en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero, a causa de sus juramentos y en atención a los invitados, ordenó que se le concediera la petición, 
10 y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 
11 Llevaron la cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, quien se la entregó a su madre. 
12 Luego llegaron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo y le dieron sepultura. Después fueron y avisaron a Jesús.

El último Profeta



Juan El Bautista había sido el primero en predicar el reino de los cielos, y fue también el primero en sufrir por el evangelio de Cristo.
Desde el aire libre del desierto y las muchedumbres que lo habían seguido, pasó a quedar encarcelado en la fortaleza de Herodes Antipas.

Juan el Bautista se había destacado como un reprensor de la maldad, tanto entre los ricos y poderosos como entre los pobres. Había tenido el valor de hacer frente al rey Herodes y reprocharle claramente su pecado y no le importo su propia vida con tal de cumplir la obra que Dios le había mandado.
 

Encarcelado por la verdad


Ahora que se encontraba en la cárcel, Juan esperaba ver a Jesús derribar el poder del Rey. Pero para su sorpresa, Jesús parecía conformarse con reunir discípulos, sanar y enseñar a la gente.

Jesús comía en la mesa de los publicanos, mientras que cada día la opresión de los romanos pesaba más sobre Israel. Por otro lado, el rey Herodes y su amante realizaban su voluntad, y parecía que a nuestro Señor no le importaba lo que ocurría con la vida del profeta. 

A pesar de esto, Juan el Bautista no renunció a su fe en Jesús. El recuerdo de la voz del cielo y de la paloma que había descendido sobre Jesús mantenían su fe intacta y le daban seguridad de que Jesús había venido de Dios. 

La misión de un verdadero profeta

A Juan no le importaba la integridad de su vida, su mayor preocupación era cumplir con el llamado de Dios, hacer su voluntad y terminar su obra como profeta.

Juan decidió enviarle un mensaje a Jesús desde la cárcel. “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?

Jesús no le respondió a los mensajeros inmediatamente, sino que empezó a sanar a los enfermos que tenía a su alrededor y después les respondió:

“Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.”

Jesús quería que Juan entendiera que su obra, no era realizada con el poder de las armas o conquistando imperios, sino hablando a los corazones de los hombres por una vida de misericordia y sacrificio.
El ministerio de Juan era muy diferente al de Jesús, él nunca realizó milagros o señales, Juan solo se dedicó a predicar las verdades del evangelio y a llamar al pueblo al arrepentimiento. 

Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.

El baile mortal de la hija.

Herodes creía en Juan, él tenía en su mente la idea de que Juan era un profeta de Dios que predicaba verdad. 
Así que al comienzo de su ministerio lo protegió e impidió que Juan fuese perseguido. Pero cuando Juan le recrimino sus pecados lo llevo a la cárcel. 

Herodes solo creía en Dios como una idea y no una realidad. En su riqueza llevaba una vida alejada de Dios, para en la predicación de Juan el bautista no era más que entretenimiento, uno más de muchos predicadores.
Bien dijo Jesús, “por sus frutos los conoceréis”
No tiene ningún sentido ostentar conocer de Dios si en la vida real no practicamos lo que decimos creer. 
Además de esto, Herodes se encontraba embotado frente a esta Joven; su belleza, el lujurioso baile y el licor eran la oportunidad perfecta que el enemigo necesitaba para acabar con la vida de Juan. 

Vive tu fe

Hoy quiero invitarte a meditar en el carácter que Dios le dio a Juan. El profeta estuvo dispuesto a ir hasta la muerte por obedecer la voluntad de Dios y llamar al pueblo a vivir una vida diferente, una vida lejos del pecado. 

Así que pídele a Dios cada día que te ayude a ser como lo fueron sus profetas en el pasado, hombres y mujeres fieles dispuestos a vivir por Jesús. Personas que recibirán una gran recompensa cuando regrese nuestro salvador.

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