Mateo 9: 27-31;
35-38



27 Cuando salió Jesús, lo siguieron dos ciegos, diciéndole a gritos:
—¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!
28 Al llegar a la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó:
—¿Creéis que puedo hacer esto?
Ellos dijeron:
—Sí, Señor.
29 Entonces les tocó los ojos, diciendo:
—Conforme a vuestra fe os sea hecho.
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Jesús les encargó rigurosamente, diciendo:
—Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero cuando salieron, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 
36 Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 
37 Entonces dijo a sus discípulos: «A la verdad la mies es mucha, pero los obreros pocos. 
38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.»

La mies es mucha



A medida que estudiamos la vida de Jesús, nos damos cuenta del alcance que tenía su misericordia. Hacia todo lugar donde Jesús miraba, se encontraba con las necesidades del ser humano ansioso de recibir salvación. 

¿Alguna vez has sentido misericordia y simpatía por alguien?, trata de recordar lo que sentías. Nuestro Señor Jesús, es el creador de todos los seres humanos, así que la misericordia que Él siente por nosotros, es mucho más grande de lo que nosotros podemos sentir. 

Jesús conoce a todos los seres humanos que han existido porque Él a todos nos dio la vida, y decidió bajar a vivir en nuestra condición para darnos una oportunidad de salvación. 

Hoy en día podemos ver las mismas condiciones sociales que había en los días de Jesús. La desigualdad, pobreza y miseria que abunda en el mundo es más de lo que podemos controlar, pareciera que no hubiese solución a tanta desesperación humana

Para Meditar

Como cristianos, debemos vivir una vida activa donde compartir nuestra experiencia con Jesús a otros sea algo natural que hagamos todos los días. Debemos ser siervos en la obra de Dios.

La fe de los ciegos


Podríamos decir que el mundo se encuentra como estaban aquellos dos ciegos que llamaban a Jesús. Estaban necesitados y en busca de sanidad, pero necesitaban ejercitar su fe para encontrar el milagro. 

Jesús les pregunto. ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.

A diferencia de estos dos hombres el mundo de hoy no cree en Jesús. Notemos que el Señor al momento de sanarlos les dijo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.

La fe es lo que necesitamos para que se cumplan en nuestras vidas los propósitos de Dios. Si nos acercamos a Jesús, debemos hacerlo con la seguridad de que recibiremos lo que buscamos de Dios
Estos hombres al ser ciegos, estaban acostumbrados a vivir sin poder ver lo que había a su alrededor y eso es lo que necesitamos todos cuando buscamos a Jesús. 

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

La certeza de lo que no se ve


Así que buscar a Jesús con fe, significa buscarlo con la seguridad de que voy a recibir de Dios lo que aún no veo con mis ojos. (Ver episodio # 27 La fe más grande)

Los dos ciegos que Jesús sanó, lo siguieron desde la casa de Jairo hasta la casa de Jesús.  Habían escuchado todo lo que nuestro Señor había hecho y sabían que Él tenía el poder para darles la vista, así que lo siguieron por fe hasta que Jesús los sanó. 

Ellos pudieron haber dudado al notar que Jesús no los sanaba al instante, pero tenían la seguridad y la certeza de que recibirían la vista si seguían a Jesús.

Esto es la fe verdadera, tener la seguridad de recibir de parte de Dios sus bendiciones, aun cuando halla una pequeña demora, aun cuando me toque caminar un poco más. Como seres humanos deseamos que todo ocurra a nuestro tiempo, pero como le ocurrió a estos hombres también debe ocurrir en nuestras vidas.

Debemos tener la fe en Dios de que aun cuando no recibamos una respuesta inicial, Dios contestará más temprano que tarde nuestras oraciones. 

La mies es mucha


Jesús es un Dios amoroso, Él buscó por todo Israel a aquellos que necesitaran ser sanados y salvados. 
Nuestro Señor sabía que muchas personas no vendrían a Él por la condición de sus vidas, pero nada de esto era impedimento para Jesús.

Nuestro Señor visitó las ciudades de Israel para darle oportunidad de salvación a todos. Nadie en un futuro podría decir que no conocía de Jesús. Pero a pesar de su esfuerzo, Jesús desea que nosotros como sus seguidores participemos en su obra

Dios sabe que la mies es mucha, Él sabe que las personas que necesitan conocer de Él y recibir su bendición son demasiadas y nos da la oportunidad a nosotros, que lo hemos encontrado a Él, de llevar su palabra y su evangelio a los demás. 

Vive tu fe


Te imaginas leer en el periódico o ver en las noticias el siguiente clasificado: Oferta de trabajo, se necesitan obreros para recoger la mies madura que hay en el mundo y predicar el evangelio eterno. Requisitos: Vivir por fe en Jesús. Recompensa: La vida eterna. 

Hoy quiero invitarte a que vivas este llamado de Jesús en tu vida, nuestro señor necesita obreros para terminar su obra, ¿estás listo para responder a su llamado?

Haz lo mismo que hizo Jesús con los dos ciegos. Nuestro Señor les mostró el camino que llevaba hasta su casa y allí les dio la sanidad que esperaban. Así mismo, nosotros debemos mostrarle a todas las personas el camino hacia Jesús. 

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