Lucas 3: 1; 3; 11-14.

1 Vino palabra de Dios a Juan hijo de Zacarías, en el desierto. 
Y él fue por toda la región contigua al Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. La gente le preguntaba, diciendo:
—Entonces, ¿qué haremos?
11 Respondiendo, les decía:
—El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron:
—Maestro, ¿qué haremos?
13 Él les dijo:
—No exijáis más de lo que os está ordenado.
14 También le preguntaron unos soldados, diciendo:
—Y nosotros, ¿qué haremos?
Les dijo:
—No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

El Arrepentimiento

Verdaderamente, qué poderosa era la predicación de Juan el bautista. El impacto que tenía en el pueblo era muy grande. No todos los días se mueve en masa la gente para seguir y obedecer a alguien de esa manera.

Y esto es lo interesante del mensaje de Juan, que la gente le obedecía. El pueblo veía en Juan todas las señales de un profeta. Su forma de hablar, que claramente indicaba que su mensaje provenía de Dios; su vestimenta y su estilo de vida. Todo en Juan les recordaba los días antiguos cuando se veía la mano de Dios en el pueblo.

Ellos solo podían imaginarse lo que era escuchar la palabra de Dios porque nunca habían visto un profeta. Lo más cercano era lo que aprendían de las escrituras cuando las estudiaban.  

La predicación de Juan el Bautista era tan efectiva que llevaba a las personas a meditar en sus acciones. Después de bautizarse ante Juan, la gente le preguntaba, ¿qué haremos?. Ok me bauticé y ahora ¿qué hago? (Ver estudio bíblico El Bautismo)

¿Qué haremos?

Ellos entendían que debían cambiar, pero el camino que debían recorrer no estaba en sus propias decisiones, sino en obedecer a Dios.

De la misma manera debemos nosotros hacer todos los días. Antes de tomar nuestras propias decisiones debemos acercarnos a Dios con fe y pedirle que nos guíe en nuestro caminar. Si hacemos nuestra voluntad, eventualmente regresaremos al mismo punto donde estábamos antes.

Pero si obedecemos a Dios y lo invitamos a hacer parte de nuestra vida, vamos siempre a avanzar por el camino que Dios ya ha preparado para nosotros. Caminaremos por sendas derechas

Un arrepentimiento real, como el que predicaba Juan, siempre nos impulsa a reflexionar en nosotros mismos. Nos lleva a meditar en sí lo que hacemos continuamente está bien o si está mal. Y luego nos lleva a vivir de una manera diferente.

Y si el reino de los cielos está cerca, debemos entonces vivir una vida cristiana enfocada en Jesús y no en las cosas de esta tierra.

Un arrepentimiento verdadero

El paso más importante, pero a la vez el más difícil para un verdadero arrepentimiento, es pasar a la acción. No podemos quedarnos solo en buenas intenciones.
Tampoco deberíamos quedarnos contemplando nuestra vida y cargar con la culpa de lo que hicimos.

Pero vivir mirando hacia el pasado o solo quedarnos en buenas intenciones, no cambiará nada. Es por eso que la respuesta de Juan al pueblo siempre fue llevarlos a la acción, o como dijo el profeta Isaías, “dejad de hacer lo malo y aprended a hacer el bien”. Dejen de hacer algo, y aprendan a hacer algo mucho mejor, algo diferente.
Veamos lo que dice Isaías 1:16-18

16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. 18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve, serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Isaías 1:16-18

Existen personas en el mundo que hacen cosas buenas solo para ser alabados y reconocidos, pero no lo hacen de corazón. Jesús llamó a los que actúan de esta manera como hipócritas. Pero cuando el arrepentimiento y el cambio en tu vida es real, las buenas obras llegan como una consecuencia. Aparecen como algo natural.

Que hermosas estas palabras de Dios, si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve, serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Ciertamente, Dios desea para nosotros todo lo mejor que Él puede darnos. Y eso era que Juan quería que el pueblo entendiera.

Vive tu fe

Que debemos acercarnos a Dios, buscarlo de corazón por que su deseo es darnos todo lo que necesitamos de verdad. No nuestros deseos vacíos, sino aquellas cosas que verdaderamente van a satisfacer nuestras vidas.

Y además, la misericordia de Dios es infinita, pero solamente nuestras decisiones nos pueden separar de Dios.

Hoy quiero hacerte la misma invitación que hacía Juan, medita en tu vida, y si existe algo que debas cambiar no dudes en hacerlo. Aun las cosas que hoy consideras difíciles, Dios las puede hacer por ti, así que no te desanimes.

No importa la condición en la que te encuentres, Dios solo necesita de tu permiso para actuar, Él acepta tus decisiones. Si no quieres cambiar y volver a Dios, nada va a pasar. Dios se alejará, por supuesto, porque Él no obliga a nadie.

Por eso entrégale tu vida a Jesús, búscalo todos los días y ten una relación verdadera con Él.
No olvides que el reino de los cielos está cerca y Dios quiere ayudarte a ser la mejor versión de ti cada día. Solo debes permitirle hacer su voluntad en ti.

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