Juan 4:6-16

Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era cerca del medio día.
Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo:
—Dame de beber 
—pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos—.
La mujer samaritana le dijo:
—¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? —porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí—.
10 Respondió Jesús y le dijo:
—Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo:
—Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 
12 ¿Acaso eres tu mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Jesús le contestó:
—Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; 
14 pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dijo:
—Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla.


Junto al pozo de Jacob


Es muy interesante notar que Jesús nunca estaba en el lugar equivocado. Jesús vino a esta tierra a llamar a vida eterna a todo aquel que deseara escuchar su mensaje.
Y al ser guiado por el Espíritu Santo, Jesús siempre cambiaba de lugar y llevaba su predicación a donde El Espíritu Santo lo guiase. (Ver episodio la tentación de Jesús)

Juan comienza este capítulo mencionando que a Jesús le era necesario pasar por Samaria. Así, que decide ir a Sicar, cerca al pozo de Jacob. 
Era cerca del medio y cansado del viaje que había hecho desde galilea, Jesús se quedó junto al pozo descansando mientras sus discípulos descendieron a la ciudad a comprar a alimentos. 

Al tiempo que esto ocurría, una mujer samaritana habitante de la ciudad se disponía a salir de su casa para sacar agua del pozo. 
Sacar agua del pozo al medio día es algo muy inusual. En la época de Jesús, las mujeres solían ir a los pozos a sacar agua en las tempranas horas del día, cuando la temperatura no era tan fuerte. Así que salían de mañana, en ocasiones en grupos, a sacar agua del pozo. 

Esta era una mujer que por decisión propia decidía salir cuando nadie estaba presente a buscar agua al pozo

El agua viva de Jesús


Al verla llegar, Jesús le pide agua para beber, a lo que ella le pregunta sorprendida, porque siendo ella samaritana él, que es judío le pide agua. 
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer sorprendida por su respuesta le responde con algo de duda —Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 
Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
Tengamos presente que Jesús sabía lo que había en el pensamiento de las personas. (Ver Juan 2: 24-25)

Para Meditar

Cuando Jesús llame a tu vida, permite que su palabra y su poder te cambie, no te dejes llevas por la duda sino por la fe.

Jesús sabía el motivo real por el cual esta mujer se acercaba al pozo, ella estaba huyendo del Juicio social. Su vida había tenido tantas y diferentes dificultades y además, había cometido tantos errores que el peso de las consecuencias y los señalamientos de la sociedad la hacían ir al pozo en calor del día. 

De la actitud de esta mujer podemos aprender a como acercarnos a Jesús. A pesar de que no lo conocía y en un principio manifestó su duda de que Jesús pudiese darle agua viva, ella no dejo que esa duda inicial nublara su juicio. 

Se encontraba junto a un hombre que le pedía agua para beber, pero a su vez le ofrecía agua viva. 
Ella comprendió a que se refería Jesús; eso era lo que ella estaba buscando con desespero todos los días. Llenar su corazón y llenar su vida con el agua de Dios y sentir la paz y el gozo de la salvación. 

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.


Ejercita tu fe en Jesús


Hoy quiero invitarte a que ejercites tu fe de la misma manera que lo hizo esta mujer. Ella pasó de la duda en Jesús a creer en Él en solo un instante.
No permitas que tus responsabilidades, preocupaciones y deseos nublen tu juicio en cuanto a Jesús. 

Jesús desea ofrecerte la misma agua que le ofreció ese día a la mujer; solo Él puede llenar nuestras vidas a plenitud y permitirnos vivir el gozo de la salvación.
Así que al igual que la mujer solo debes acercarte a Jesús, escuchar su palabra y si en algún momento las circunstancias te han llevado a dudar en Él. Deja todo eso de lado y vive por fe. 

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