Jesús llamó a ss seguidores Generación incrédula y perversa

Generación incrédula y perversa


Lucas 9: 37-43



37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro. 
38 Y un hombre de la multitud clamó diciendo:
—Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; 
39 y sucede que un espíritu lo toma y, de repente, lo hace gritar, lo sacude con violencia, lo hace echar espuma y, estropeándolo, a duras penas se aparta de él. 
40 Rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron.
41 Respondiendo Jesús, dijo:
—¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.
42 Mientras se acercaba el muchacho, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. 
43 Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.

Generación incrédula y perversa



Mientras Jesús estaba en el monte con Pedro, Juan y Jacobo; los demás discípulos se quedaron descansando en la ladera de la montaña, y alrededor de ellos, se agolpó la misma multitud que siempre seguía a Jesús. 

Al día siguiente, un hombre de la ciudad que había escuchado que Jesús estaba allí, se acercó a donde estaban los discípulos para llevar a su hijo, que estaba endemoniado. 
El joven había sufrido desde niño a causa del demonio, y había perdido total control sobre su cuerpo. Cuando el demonio lo atormentaba lo arrojaba al fuego y en ocasiones al agua para intentar matarlo.

Su padre, al escuchar de Jesús, y todos los milagros que había hecho, se acercó con la esperanza de recibir su ayuda. Pero cuando llego, se encontró con que Jesús no estaba, sino solamente 9 de sus apóstoles y algunos discípulos

Para Meditar

Jesús lo puede todo, así que al orar no le preguntes o le insinúes a Dios que si puede o si quiere ayudarnos; Dios puede y desea ayudarnos. Lo único que se interpone entre el milagro y nosotros, es la falta de fe y la incredulidad que tenemos. 

Generación incrédula


Los discípulos no vieron problema en ayudarlo, ya habían visto a Jesús hacer milagros antes y aún ellos mismos, cuando Jesús los mandó a predicar por los pueblos de Israel, habían echado fuera demonios y sanado enfermos, así que intentaron sanarlo. (Ver episodio: La misión de los doce)

Los escribas y fariseos estaban sorprendidos porque los discípulos decían tener el poder para sacar el demonio, pero cuando lo intentaron, nada ocurrió. Parecía que el poder que antes habían tenido había desaparecido, y no solo habían fracasado en sacar el demonio, sino que ahora eran motivo de burla y discusión para los escribas. 

Cuando Jesús descendió de la montaña, se encontró con esta escena. Sus discípulos avergonzados intentando sacar el demonio, y los escribas, discutiendo porque según ellos esto probaba que no tenían poder de Dios. Cuando el padre vio a Jesús, corrió y se postró delante de Él y le dijo:

15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.
Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo.

Generación perversa


Jesús no estaba regañando a sus discípulos por haber intentado sanar al joven sino por su falta de fe, después de todo lo que habían vivido junto a Jesús, nuestro Señor esperaba que su fe fuera suficiente para hacer este tipo de milagros. 

Pero ellos, en vez de avanzar, se habían estancado, se habían convertido en espectadores y oyentes en primera fila, pero no en practicantes del evangelio. Por esto los llamó ¡Generación incrédula y perversa!  Jesús desea que nuestra vida cristiana sea real, que no seamos solo oidores de su palabra, sino que llevemos nuestra fe a la acción todos los días y en todo momento. 

21 Jesús le preguntó al padre: ¿Desde cuándo le sucede esto? Y el padre respondió: Desde que era niño. 
22 Muchas veces lo arroja al fuego, o al agua, con la intención de matarlo. Si puedes hacer algo, ¡ten compasión de nosotros y ayúdanos!
23 Jesús le dijo: ¿Cómo que “si puedes”? Para quien cree, todo es posible.
24 Al instante, el padre del muchacho exclamó: ¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!

Generación falta de fe


En su falta de fe, el padre le dijo a Jesús algo que muchas veces se dice en las iglesias cristianas hoy en día: Señor, si puedes ayúdanos. “Como que si puedo, le dijo Jesús, al que cree todo le es posible”.

Como cristianos, en muchas ocasiones cometemos el error de acercarnos a Jesús pidiendo cosas en medio de nuestra falta de fe y le atribuimos a Dios esa incredulidad. Decimos, si quieres, ayúdame, o Señor, si puedes, concédeme lo que te pido. Al orar de esta manera demostramos que no tenemos fe sino incredulidad. 

Jesús lo puede todo, así que al orar no le preguntes o le insinúes a Dios que si puede o si quiere ayudarnos, Dios puede y desea ayudarnos. Lo único que se interpone entre el milagro y nosotros, es la falta de fe y la incredulidad que tenemos. 


Los discípulos estaban sorprendidos de esto, los había llamado ¡Generación incrédula y perversa!, y no habían podido sacar al demonio, así que le preguntaron a Jesús:

28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte:
¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?
29 Y les dijo:
Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

Vive tu fe


Notemos que Jesús no oró, ni ayunó antes de sacar el demonio; nuestro Señor se refiere aquí a una vida de constante oración y ayuno espiritual. Como vimos en el episodio anterior, Jesús vivía una vida de oración conectada con Dios, y todo el tiempo su mente estaba unida con el cielo.

Esto mismo desea Jesús para nuestras vidas, que nuestra fe y nuestra comunión con Dios sean tan grandes, que rompan todas las barreras de lo que es humanamente posible. 

Hoy quiero invitarte a que medites en el poder de Jesús; es un poder basado en la fe y en la comunión con el Padre, un poder que está disponible para todos aquellos que deseen vivir una vida de constante comunión con Dios.

Así que vive cada día con fe y únete a Dios en oración constante, no olvides que para aquel que cree en Dios todo le es posible. 

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