La recompensa que Jesús ha preparado es el reino de los cielos

La recompensa más grande


Lucas 6: 20-26



20 Alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:
«Bienaventurados vosotros los pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre,
porque seréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis,
porque reiréis.
22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os aparten de sí, os insulten y desechen vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre.
23»Gozaos en aquel día y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, porque así hacían sus padres con los profetas.
24»Pero ¡ay de vosotros, ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.
25»¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.
»¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque lamentaréis y lloraréis.
26»¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

La recompensa más grande



El sermón del monte fue predicado frente a una multitud de personas que se habían reunido de diferentes ciudades de Israel, pero a pesar de hablar a una multitud, Jesús se dirigió a sus discípulos de manera individual y personal. 
En realidad, Jesús le estaba predicando y enseñando a sus discípulos enfrente de la multitud. 

En su sabiduría, Dios permitió que varias personas escribieran los evangelios para registrar las enseñanzas de Jesús en diferentes perspectivas. Todos los evangelios se complementan el uno al otro. 

La esperanza del cristiano


En esta historia, tenemos la enseñanza de las bienaventuranzas contada desde la perspectiva de Lucas. 
Lucas no estuvo presente durante la vida de Jesús, él conoció el evangelio años después por medio de la predicción de Pablo, y escribió su evangelio recopilando lo que otras personas le habían dicho sobre Jesús. 
Así que este pasaje de las escrituras demuestra que aun después de la resurrección de Jesús, los discípulos recordaban claramente sus enseñanzas y las guardaban como promesas fieles para sus vidas. Mientras Mateo solo hablo de las bienaventuranzas, Lucas incluyo los ayes. 

Pero ¡ay de vosotros, ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.

Para meditar

Nuestra ciudadanía está en el reino de los cielos, así que no debemos vivir nuestras vidas buscando las riquezas de esta tierra, sino las riquezas celestiales.

Estas son palabras tristes, para Jesús las personas ricas de este mundo viven engañadas por las riquezas temporales. Como ya estudiamos en el episodio anterior, Jesús considera las riquezas de este mundo como cosas sin sentido. El oro y la plata tienen muy poco valor ante Dios. 

Que triste pensar que todas esas personas que gastan sus vidas buscando las riquezas no recibirán ninguna recompensa por parte de Dios. Cuando Cristo vuelva todas sus riquezas serán vueltas polvo y todo el esfuerzo de sus vidas ser en vano

¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.
¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque lamentaréis y lloraréis.

Las riquezas no son la recompensa real


Jesús hace énfasis aquí, en las necesidades. Dios es nuestro sustentador, así que vivir una vida buscando satisfacernos a nosotros mismos demuestra que no creemos en Dios y que nuestro Dios es la riqueza. 

Te imaginas el dolor que sentirán los millones de personas que por tantos años han vivido una vida buscando las riquezas cuando vean descender la santa ciudad de Dios; la nueva Jerusalén.

Van a poder ver la gloriosa ciudad hecha de oro puro, transparente como el cristal. Que tristeza sentirán, al ver que Dios les ofrecía una riqueza más grande y ellos, solo se quedaron con las migajas que pudieron conseguir en esta tierra. 

¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

La recompensa real


Nuestro Señor vuelve a hacer un énfasis profundo en que no es bueno vivir una vida de apariencias, donde buscamos que las demás personas hablen bien de nosotros. 

¿Recuerdas a Juan el Bautista? Fue asesinado por llamar al pecado por su nombre, o que tal el Señor Jesús, fu crucificado por el odio que los judíos tenían hacia Él. Así que tenemos la certeza, de que el mundo siempre va a odiar a todos los que quieran vivir una vida cristiana real. 

Este registro en el libro de Lucas, nos deja ver que los discípulos años después de la vida de Jesús tenían presente, que nosotros somos visitantes en esta tierra, pertenecemos a un mundo mejor, así que no debemos vivir amarrando nuestras vidas a las cosas vacías de este mundo.

Las riquezas, las apariencias, las alegrías y los triunfos terrenales no tienen sentido si van a perecer y no tener ningún valor sin Dios. Además, Jesús nos garantiza que nuestra recompensa es mejor que cualquier cosa que hay en este planeta.

Vive tu fe


Hoy quiero invitarte a que vivas la misma fe que tenían los seguidores de nuestro Señor, ellos habían entendido y mantenían claro en sus mentes que las dificultades de este mundo son pasajeras, son momentáneas y no se comparan en nada con la recompensa que nos espera. 

Así que mantén tu ánimo siempre mirando hacia Jesús, mantén tu vida en dirección hacia donde Dios te guíe. 
Cuando enfrentes una dificultas hazlo con fe, nuestro Dios es más grande que todo lo que enfrentes. No olvides que la recompensa más grande que Jesús ha preparado para ti es que vivas con Él por toda la eternidad. 

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