El santuario

El Santuario

El Santuario y el plan de salvación

Desde la entrada del pecado en el mundo Dios ha hecho todo lo posible para acabar con el pecado, inclusive entregar su vida como pago para nuestra salvación. El objetivo del santuario era enseñarnos
como Dios Jesús entregaría su vida.

Dios quería mostrarnos por medio del santuario todo lo que el pecado le ha hecho a Jesús, su sacrificio y muerte y también su intercesión por nosotros. Cada sacrificio alguna vez realizado solo era un símbolo de la muerte que algún día Jesús sufriría como pago por nuestra salvación.

En esta lección estudiaremos todo lo que la Biblia enseña sobre el santuario y la importancia que tiene el ministerio de Jesús como sumo sacerdote.

¡No olvides orar antes de estudiar la palabra de Dios!

El camino o plan de salvación de Dios fue revelado en el santuario terrenal. Todo en el Santuario, o lo que estaba relacionado con sus servicios, era un símbolo de algo que Jesús haría al salvarnos. (Ver lección: El sacrificio de Jesús)

No podemos comprender completamente el plan de salvación hasta que entendamos el santuario y sus servicios. Para los israelitas, era una gigantesca y objetiva lección en tercera dimensión, que explicaba paso a paso el proceso de la salvación.

Los planos del santuario, con todas las especificaciones para su construcción, fueron dados por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Era una miniatura del santuario original que está en el cielo.

Estos sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el Tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.
bosquejo de El santuario

El primer santuario, o tabernáculo, era una estructura elegante tipo carpa (de 15 pies por 45 pies, basados en una medida de codos de 18 pulgadas). Allí eran conducidos los servicios especiales y moraba la presencia Divina de Dios.

Los muros fueron hechos de tablas de madera de acacia encajadas en bases de plata y revestidas de oro (Éxodo 26:15-19, 29). El techo estaba hecho de cuatro capas que la cubrían: lino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, y pieles de tejones (versículos 1, 7, 14).

Tenía dos compartimentos, el lugar santo (15 pies por 30 pies), y el lugar santísimo (15 pies por 15 pies). Consulta el diagrama mientras repasas esta lección.

El altar del holocausto (Éxodo 27:1-8) era donde los animales eran sacrificados. Estaba ubicado en el atrio justo afuera de la entrada del santuario. Este altar representaba la cruz de Jesús.

El atrio del santuario

El animal sacrificado representaba a Jesús, el supremo sacrificio (Juan 1:29). La fuente de agua (Éxodo 30:17-21; 38:8) era un gran recipiente de bronce situado entre la entrada del santuario y el altar del holocausto.

Allí los sacerdotes se lavaban las manos y los pies antes de entrar al santuario o al ofrecer un sacrificio. El agua representaba el bautismo, la limpieza del pecado, y el nuevo nacimiento. (Ver lección: El Bautismo)

Menorah

La mesa de los panes de la proposición (Éxodo 25:23-30), representaba a Jesús, el pan de vida (Juan 6:51).

El candelero de siete brazos (Éxodo 25:31- 39) representaba a Jesús, la luz del mundo (Juan 9:5; 1:9).
Las lámparas de aceite simbolizaban al Espíritu Santo (Zacarías 4:1-6) (Apocalipsis 4:5).

El altar del incienso (Éxodo 30:1-8), representaba las oraciones del pueblo de Dios (Hebreos 5:7).

El arca del pacto dentro del santuario

El único objeto en el lugar santísimo era el arca del testimonio (pacto) (Éxodo 25:10-22), un cofre de madera de acacia revestida de oro. Sobre la tapa del cofre había dos ángeles hechos de oro sólido. La cubierta del arca era llamada el propiciatorio (Éxodo 25:17-22), donde moraba la presencia de Dios. Este lugar simbolizaba el trono de Dios en el cielo, el cual igualmente está localizado entre dos ángeles (Salmos 80:1) (Isaías 6:1-2).

Dios escribió Su pacto con Su propio dedo sobre dos tablas de piedra, y las mismas fueron colocadas dentro del arca del pacto.

El propiciatorio estaba sobre ellas, lo cual significaba que mientras el pueblo de Dios confesara y abandonara sus pecados (Proverbios 28:13), la misericordia les sería extendida a través de la sangre que era rociada sobre el propiciatorio por el sacerdote (Levítico 16:15-16).

Esa sangre representaba la sangre derramada por Jesús para traer perdón y limpieza a todos (Mateo 26:28) (Hebreos 9:22).

El sacrificio de animales era necesario para ayudar a las personas a entender que sin la sangre de Jesús derramada en la cruz, no podía haber perdón de los pecados. La sorprendente verdad es que la paga del pecado es la muerte. Siendo que todos hemos pecado, todos debemos morir, y hubiésemos muerto, sin embargo Jesús dio su vida perfecta al morir en nuestro lugar para pagar por nuestros pecados. (Ver lección: El sacrificio de Jesús)

El pecador traía su propio animal para sacrificar y lo degollaba con sus propias manos (Levítico 1:4-5). Era espeluznante y sangriento. De esta manera la gente quedaba impresionada con la solemne verdad de que el pecado causaría la muerte de Jesús. Por lo tanto, ellos miraban hacia la cruz para la salvación, mientras que nosotros miramos hacia la misma cruz para nuestra salvación. No hay otra fuente de salvación.

Cuando el pecador colocaba sus manos sobre la cabeza de la víctima a ser sacrificada, los pecados eran transferidos simbólicamente del pecador al animal. De esta manera el animal se convertía en el culpable y debía pagar la pena de muerte. Este acto representaba la obra de Jesús al asumir la carga de nuestros pecados.

El sacerdote salpicaba un poco de la sangre delante del velo dentro del santuario, de esta manera transfería simbólicamente el pecado de las personas al santuario. Cuando Jesús ascendió al cielo después de Su muerte, Él ofreció Su sangre como lo hacía el sumo sacerdote de la antigüedad, para demostrar que nuestros pecados son perdonados cuando los confesamos en el nombre de Jesús.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Jesús el sumo sacerdote

Jesús oficia como el sacrificio por nuestros pecados y como nuestro Sumo Sacerdote celestial, de esta manera logra dos cosas milagrosas en nuestro favor.

La primera es, un cambio de vida completo llamado el nuevo nacimiento, con todos los pecados del pasado perdonados (Juan 3:3-6) (Romanos 3:25).
La segunda es, el poder para vivir de manera justa en el presente y en el futuro (Tito 2:14) (Filipenses 2:13).

Estas dos cosas hacen que la persona sea justa, lo cual quiere decir que existe una buena relación entre esa persona y Dios. No hay manera de que una persona llegue a ser justo por su propio esfuerzo, porque la justicia y rectitud proviene de la gracia que solamente Jesús puede suplir.

Esto es justificación por la fe, que es la única forma verdadera de justificación.

Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
  • Jesús cubre nuestros pecados pasados y nos considera sin culpa (Isaías 44:22)
  • Promete restaurarnos a la imagen de Dios (Romanos 8:29) 
  • Nos otorga el deseo y el poder para hacer la voluntad de Dios (Filipenses 2:13).
  • Jesús hará que hagamos solamente las cosas que le agradan a Dios (Hebreos 13:20-21)
  • Eliminará nuestra sentencia de muerte al darnos crédito por Su vida sin pecado y Su muerte expiatoria (2 Corintios 5:21)
  • Jesús asume la responsabilidad de guardarnos fieles hasta que Él regrese (Filipenses 1:6)

Jesús está listo para cumplir con todas estas promesas gloriosas en tu vida. ¿Estás listo? Solo tienes que pedirle a Dios en oración que tome el control de tu vida. Él no te fallará.

Sí, nuestra parte es rendir nuestras vidas y voluntad a Jesús y permitir que Él las gobierne. Debemos estar dispuestos a confiarle el control total de nuestras vidas.
Muchos piensan que Jesús llevará al cielo a todos los que profesan a Cristo, sin importar su conducta. Pero esta es una creencia mortal y no es verdad.

Pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

El día de la expiación era un día de juicio solemne que se llevaba a cabo en Israel una vez al año (Levítico 23:27). Cada pecado tenía que ser confesado y abandonado. Aquellos que rechazaban hacerlo, aquel mismo día eran cortados para siempre del campamento de Israel (versículo 29).

Ese día se seleccionaban dos machos cabríos. Uno era el macho cabrío del Señor, y el otro era el macho cabrío culpable, que representaba a Satanás (Levítico 16:7-8). El macho cabrío del Señor era sacrificado y ofrecido por los pecados del pueblo (versículo 9). Su sangre era llevada hasta el lugar santísimo y esparcida sobre y ante el propiciatorio (versículo 14).

Solamente en este día de juicio especial el sumo sacerdote podía entrar al lugar santísimo. La sangre esparcida que representaba el sacrificio de Jesús, era aceptada por Dios, y los pecados confesados del pueblo eran transferidos del santuario al sumo sacerdote.

Luego el sacerdote transfería los pecados confesados sobre el macho cabrío culpable, el cual era conducido hacia el desierto y allí era abandonado (Levítico 16:20-22). De esta manera el santuario era limpiado simbólicamente de los pecados del pueblo, los cuales habían sido transferidos allí por la sangre esparcida durante todo el año.

¡Sí! Los servicios de ese día señalaban los pecados que se borraban por la sangre de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote en el santuario celestial. Él está allí para intervenir por Su pueblo y está listo para borrar los pecados de todo aquel que ejerza su fe en la sangre derramada por Él.

El antiguo día de la expiación, así como el actual Yom Kippur israelí, simbolizaba la expiación final que será hecha para el planeta tierra. La última expiación conduce al juicio final, que saldará para siempre la interrogante del pecado en la vida de cada individuo.

En la lección: El juicio investigador estudiamos cómo Dios estableció una fecha para el inicio del juicio en el cielo. ¡Qué emocionante!

¿Estás dispuesto a colocar su vida por completo en las manos de Jesús para que Él pueda obrar los milagros necesarios en ti?

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